Una vez oí un cuento interesante acerca de un hombre y su mujer. Este le reveló un gran secreto, le contó que en las noches de luna llena se convertía en lobo y que dejaba sus pieles de humano en una cueva cercana. La luna nueva siguiente, la mujer fue a la cueva y en efecto encontró las piel humana de su esposo, al ver estas pieles, la mujer se las llevó y las expuso y si mal no recuerdo las vendió en el pueblo. El lobo al regresar a la cueva, no halló sus pieles de humano y se quedó como lobo para siempre, la historia sigue pero ya no es tan relevante, la moraleja de aquel cuentacuentos fue: “por eso en el amor uno puede dar todo pero nunca su piel”.
“En el amor uno nunca debe dar su piel”. No sé, no lo sé. Uno termina dando parte de su piel a cada persona que marca cierta significancia en su vida.
Supongo que es lo lógico, lo natural, pero así de cierta manera perdemos nuestras pieles, perdemos, a veces, nuestra identidad, dejamos que personas influencien en nuestras vidas, en nuestras decisiones, que sean parte de nosotros y es lindo, pero no siempre termina bien.
Supongo que esas son sorpresas de la vida ¿no?.
Sus riesgos, sus peligros. Aún así considero mejor darlo todo a dar con condiciones, pero a veces es más fácil creer que hacer.
Bah bueno, este es otro de mis mil y un dilemas sin descifrar :)
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